Muchos de nosotros conocemos esa sensación de despertarnos por la noche, empezar a darle vueltas a una tontería sin importancia… y, de repente, no poder volver a conciliar el sueño. Hagamos lo que hagamos, por mucho que contemos ovejas, tardamos al menos una hora en volver a conciliar el sueño. ¡Quizá lo peor sea no poder conciliar el sueño en absoluto! Damos vueltas en la cama, intentamos alejar hasta el pensamiento más inocente, pero el sueño no llega. Por supuesto, existen las pastillas para dormir, pero admitámoslo: eso no tiene nada que ver con una vida sana. Y quien diga que el alcohol ayuda, está en la misma situación. ¡Aquí incluso se corre el riesgo de desarrollar una adicción peligrosa!

Afortunadamente, existen investigaciones que llevan mucho tiempo centrándose en el tema del sueño de calidad y que han aportado conocimientos sobre las hormonas: la serotonina (la hormona de la felicidad y el buen humor) y la melatonina (la hormona del sueño y del ritmo circadiano). Por ello, los científicos han intentado garantizar un nivel suficiente de estas hormonas en el organismo. Han descubierto que existe un aminoácido esencial: el triptófano. El cuerpo no es capaz de producirlo por sí mismo, por lo que se obtiene a través de la alimentación o en forma de complementos alimenticios.
El triptófano se encuentra de forma natural en alimentos ricos en proteínas: carne de cerdo y de vacuno, pescado, huevos, leche, yogur, chocolate y frutos secos. El triptófano se convierte en el organismo en un precursor de los neurotransmisores o de la vitamina B3. Si hay suficiente vitamina B6 en el organismo, el triptófano puede transformarse en el neurotransmisor serotonina, es decir, la hormona de la felicidad. Esta influye en las sensaciones de felicidad y buen humor, y alivia el estrés, el nerviosismo y la tensión emocional.
Por la noche, el aminoácido L-triptófano puede transformarse en la hormona del sueño: la melatonina. Si hay suficiente vitamina B3 en el organismo, el triptófano no se transforma en vitamina, sino en las hormonas serotonina y melatonina. Y ese es el efecto deseado: tranquilidad y un sueño reparador.
La vitamina B3 contribuye de manera significativa a la transformación de los alimentos en energía. Por eso, su carencia se manifiesta, entre otras cosas, como un aumento del cansancio. Contribuye a la salud mental: combate los cambios de humor y la depresión. Ayuda a combatir las alergias, ya que reduce la liberación de histamina. Es un antioxidante, reduce los niveles de colesterol y ayuda a controlar la diabetes. Además de estas importantes funciones, protege y mejora la salud de la piel.

Los síntomas más frecuentes de la carencia de vitamina B3 son: trastornos de la memoria, dolores de cabeza y mareos, agotamiento, insomnio y nerviosismo, problemas cutáneos e inflamaciones, e inflamaciones de las mucosas.
Si la carencia de vitamina B6 es de corta duración, aparecen fatiga, irritabilidad y mal humor, como consecuencia de la alteración de los neurotransmisores. A esto se suman problemas cutáneos y labios agrietados. La carencia prolongada conlleva problemas graves: debilitamiento del sistema inmunitario, de la capacidad de aprendizaje y de la memoria.
Por eso, este complemento alimenticio con el aminoácido L-triptófano está enriquecido además con ambas vitaminas: la B3 y la B6. Es importante elegir un distribuidor de vitaminas y complementos alimenticios en el que confíes y que se dedique exclusivamente a este ámbito, sin ofrecer al mismo tiempo la venta de otros miles de tipos de productos diversos.