The First of Vitamins - B1
Quizás sea agotamiento... esa es la descripción actual del estado en el que nos sentimos diferentes. Cuando el café que tanto nos gustaba ya no nos hace efecto y por la tarde nos invade un cansancio insoportable, cuando por la noche ya no tenemos fuerzas para nada, ni para hacer deporte, ni para quedar con los amigos. Y mucho menos para ir al trabajo al día siguiente. Una nutricionista, tras analizar nuestra dieta, describiría este estado con las siguientes palabras: «Tienes deficiencia de tiamina (B1), que es esencial para el correcto funcionamiento del sistema nervioso y la conversión de los alimentos en energía. Tu dieta está llena de carbohidratos procesados, pero casi sin B1. Y cuando el cuerpo no tiene suficiente tiamina, puedes sentir fatiga, olvidos, irritabilidad e incluso ansiedad. ¿Y la cafeína? ¡La cafeína agota aún más la tiamina del cuerpo!». Seguramente no se nos habría ocurrido que esta situación pudiera deberse a algo tan «trivial». Es cierto que muchos no prestamos atención al tiamina, yo también lo admito. El bioquímico polaco Funk bautizó la primera vitamina descubierta en 1912 con el nombre de vita (necesaria para la vida) y amina (sustancias que contienen nitrógeno). Desde entonces ha recibido más nombres, como aneurina, y desde hace 25 años lo llamamos tiamina. Es esencial, es decir, no se puede sintetizar y debe obtenerse de la alimentación. Suena aterrador que sin ella no podríamos sobrevivir más de unos días, como mucho semanas. Esto se debe a que el cuerpo no puede almacenarla durante mucho tiempo y es necesario asegurarse de ingerirla regularmente, ya que es indispensable para el buen funcionamiento del organismo. Por el contrario, su abundancia ayuda a mejorar la concentración y la memoria.