Cuando se habla de zinc, la mayoría de nosotros pensamos inmediatamente en un sistema inmunitario fuerte, en la lucha contra el acné o en el cabello y las uñas sanos. ¿Sabías, sin embargo, que este oligoelemento es absolutamente fundamental para tu sistema digestivo? Sin zinc, tu cuerpo no podría descomponer correctamente los alimentos ni absorber de ellos los nutrientes esenciales.

Aquí tienes un resumen de por qué el zinc es tan imprescindible para tu estómago.
1. Estimulador de la secreción de ácido gástrico
El estómago necesita un ácido lo suficientemente fuerte (ácido clorhídrico, HCl) para poder digerir las proteínas y eliminar las posibles bacterias nocivas presentes en los alimentos. ¿Adivinas qué necesita el cuerpo para producirlo? Exacto, zinc.
El zinc interviene en la formación de la enzima responsable de la producción de este ácido. Si tienes un déficit de zinc, la producción de ácido gástrico disminuye. En ese caso, la comida puede tardar mucho más tiempo en digerirse en el estómago, lo que a menudo provoca hinchazón, acidez y una desagradable sensación de pesadez después de comer.
2. Motor para las enzimas digestivas
La digestión no termina en el estómago. Los alimentos continúan su recorrido hacia el intestino delgado, donde el páncreas (glándula subgástrica) secreta enzimas digestivas. Estas enzimas descomponen los hidratos de carbono, las grasas y las proteínas en micropartículas que el cuerpo puede aprovechar.
El zinc actúa como lo que se conoce como cofactor (ayudante) para muchas de estas enzimas. En pocas palabras: sin zinc, estas enzimas serían como coches sin llaves en el contacto: estarían físicamente ahí, pero no funcionarían en absoluto.
3. Protector de la barrera intestinal
Los intestinos están recubiertos por dentro de una fina capa de células que actúa como una barrera de seguridad. Deja pasar los nutrientes al organismo, pero bloquea las toxinas y las bacterias. Esta mucosa debe renovarse muy rápidamente y de forma constante.
Dado que el zinc es esencial para el crecimiento y la división celular, desempeña un papel fundamental en el mantenimiento de una pared intestinal firme y sana. De este modo, ayuda a prevenir una afección denominada «síndrome del intestino permeable», en la que llegan al torrente sanguíneo sustancias que no deberían estar allí y que pueden provocar inflamaciones.
Cuando la alimentación no es suficiente: ¿cómo elegir y tomar correctamente los suplementos de zinc?
A veces, debido al estrés, a una mala digestión, a una dieta vegana o a un aumento de la actividad física, no conseguimos ingerir suficiente zinc solo a través de la alimentación. En esos casos, es cuando entran en juego los complementos alimenticios. Sin embargo, no todos los tipos de zinc son iguales. A la hora de elegir, fíjate sobre todo en la forma química en la que se presenta el zinc.

La forma importa (orgánica frente a inorgánica)
Formas queladas y orgánicas (excelente absorción): Busca nombres como bisglicinato de zinc, picolinato de zinc o citrato de zinc. El cuerpo reconoce mejor estas formas, atraviesan fácilmente la pared intestinal y no provocan molestias estomacales.
Zinok Forte Dr. LUCULLUS es un suplemento de alta calidad en el que puedes confiar para defender tu organismo. Es un excelente apoyo para la piel, el cabello, las uñas y el funcionamiento del cerebro. Es la elección acertada si buscas un refuerzo fiable que puedas incorporar a tu rutina diaria.
Formas inorgánicas (baja absorción): Los productos más económicos suelen contener óxido de zinc o sulfato de zinc. Estas formas tienen una baja biodisponibilidad (el organismo solo aprovecha una pequeña parte) y, en personas más sensibles, pueden provocar náuseas o calambres si se toman con el estómago vacío.
¿Cómo garantizar un aporte suficiente de zinc a través de la alimentación diaria?
El cuerpo no es capaz de producir zinc por sí mismo, ni puede almacenarlo a largo plazo en grandes cantidades. Por eso debemos ingerirlo regularmente a través de la alimentación. Afortunadamente, se encuentra en muchos alimentos comunes y sabrosos:
Semillas y frutos secos: semillas de calabaza (una de las mejores fuentes vegetales), anacardos, almendras.
Carne y aves: Carne de vacuno, de pavo y carne roja de primera calidad.
Marisco: Las ostras son las reinas indiscutibles en cuanto al contenido de zinc, pero los cangrejos y las gambas también son una buena fuente.
Legumbres: garbanzos, lentejas y diversos tipos de alubias.
Productos integrales: Copos de avena, quinoa.
Puede que el zinc no ocupe tanto protagonismo en los anuncios como la vitamina C o los probióticos, pero realiza una labor enorme e invisible para nuestra digestión. De hecho, no es solo un remedio de primera mano cuando te empieza a picar la garganta en invierno. Es esa llave imaginaria que pone en marcha tu estómago, activa las enzimas digestivas y construye un escudo protector para tus intestinos.