Tiene más antioxidantes que los arándanos, ni siquiera la helada la daña y tu sistema inmunitario la adorará. La arónia negra no es precisamente una de las frutas más dulces, pero por sus propiedades se la puede considerar la reina de los huertos eslovacos. La arónia negra, aunque a primera vista pueda parecer un fruto corriente, es en realidad una de las bayas más saludables que se pueden encontrar en nuestro país. Es originaria de Norteamérica, donde se aprovechaba su poder como remedio contra los resfriados o se utilizaba para elaborar el pemmican, un alimento de conservación extremadamente larga que se preparaba principalmente para los largos periodos invernales. Si aún no has oído hablar de ella, ¡es hora de ponerle remedio!

Cómo reconocer este superalimento
Son unas bayas pequeñas, de color violeta oscuro a negro, que crecen en arbustos de fácil cuidado. A primera vista, se podrían confundir con arándanos más grandes, pero si las probases directamente del arbusto, probablemente te sorprenderían. Y es que tienen un sabor bastante amargo. Por eso, rara vez se comen crudas tal cual; lo más habitual es prepararlas para su posterior elaboración.
¿Por qué es tan bueno para tu cuerpo?
La arónia del Dr. LUCULLUS es, literalmente, una bomba de vitaminas y se considera uno de los «superalimentos». Destaca en varios aspectos que quizá no conocías:
Una cantidad extraordinaria de antioxidantes: protege tus células del daño y ayuda al organismo a combatir la inflamación. La arónia contiene más antioxidantes que los arándanos o las arándanos rojos.
Refuerza el sistema inmunitario: Contiene mucha vitamina C, lo que resulta ideal sobre todo en otoño e invierno, épocas en las que los distintos virus son más frecuentes.
Buena para el corazón y los vasos sanguíneos: ayuda a mantener una presión arterial adecuada y mejora la circulación sanguínea.
También contiene otras vitaminas: en ella encontrarás vitaminas K, E y A, así como minerales beneficiosos como el hierro o el potasio.
Quizá hayas oído que, en su estado crudo, la arónia es tóxica, pero podemos asegurarte que este mito surgió, al parecer, debido a su sabor intenso y amargo. Las bayas crudas de este superalimento son totalmente seguras y saludables para el consumo. Pero, aunque sea saludable, no hay que olvidar que todo en exceso es perjudicial. La arónia puede influir en la presión arterial y reducirla. Debido a su elevada acidez, las personas con tendencia a sufrir úlceras gástricas deben tener cuidado.

¿Cómo puedes incluirla en tu dieta?
Dado que la arónia fresca es bastante amarga, lo más habitual es encontrarla en otras formas, para que puedas disfrutarla al máximo.
Zumos y siropes: El zumo 100 % de arónia es estupendo: basta con tomarse un chupito al día para reforzar el sistema inmunitario, o prepararse una limonada con él.
Mermeladas y compotas: Al cocerla con azúcar, pierde su amargor y se convierte en una mermelada deliciosa.
Secadas para infusiones: Las bayas secas se suelen añadir a las infusiones de frutas, a las que aportan un bonito color y vitaminas.
En batidos: Si te preparas un batido de frutas en casa, basta con añadir unas cuantas bayas (frescas, congeladas o secas). El plátano u otra fruta dulce enmascarará por completo su amargor.
Puedes incorporar sus bayas en tu rutina como sustituto de algún dulce, a modo de «tentempié». Las bayas secas conservan su intenso sabor ácido. Pueden recordarte a los arándanos rojos o a las pasas, pero no son tan dulces de forma natural.
Así que, la próxima vez que veas estas bayas oscuras en el jardín de la abuela, en una tienda o en el mercado, no dudes en probarlas. Incorporar la aronia a tu vida no es nada complicado. Tanto si las añades a tus gachas matutinas como si te preparas un té caliente con ellas, tu cuerpo recibirá un buen aporte de vitaminas. Comprueba por ti mismo el poder de las bayas de arónia del Dr. LUCULLUS.