Las vitaminas son como pequeñas moléculas superheroicas que le damos a nuestro cuerpo como complemento alimenticio. Ya sea para reforzar el sistema inmunitario, tener una piel firme o disponer de energía para el día a día, sin ellas no podríamos. Sin embargo, cuando te tomas una pastilla de vitaminas, ¿alguna vez te has parado a pensar de qué está hecha realmente?

Veamos juntos cómo funciona todo esto y cuál es la diferencia entre las vitaminas de origen natural y las sintéticas.
¿De qué se obtienen realmente las vitaminas?
Las vitaminas que se pueden encontrar en la farmacia o en el supermercado se dividen en dos grupos principales según su origen:
1. Vitaminas naturales
Las obtenemos de alimentos integrales. Estas vitaminas se extraen, literalmente, de la naturaleza. Se producen mediante la concentración y extracción de plantas, frutas y verduras reales, o incluso de productos de origen animal y levaduras. Por ejemplo, la vitamina C se obtiene del extracto de escaramujo o de acerola (cereza tropical).
2. Vitaminas sintéticas
Se fabrican en laboratorios. La mayoría de los complementos vitamínicos (hasta un 90 %) que hay en el mercado son sintéticos. Se producen industrialmente mediante procesos químicos o fermentación (con bacterias). Los científicos simplemente toman las materias primas básicas y ensamblan la molécula de la vitamina de manera que sea idéntica a la natural.
Gran parte de la vitamina C sintética se produce a partir de almidón de maíz o jarabe de maíz. La popular vitamina D3 se obtiene, en la mayoría de los casos, de la lanolina, que es, en realidad, una grasa natural presente en la lana de oveja.
Naturales frente a sintéticos
Si una molécula creada en el laboratorio es exactamente igual que la de una manzana, ¿hay alguna diferencia entre ambas? La respuesta es: sí y no.
Estas son las principales diferencias que debes conocer:
Estructura molecular: Desde el punto de vista químico, las vitaminas sintéticas y naturales son prácticamente idénticas. En la mayoría de los casos, nuestro organismo no distingue si una molécula de vitamina C procede de una naranja o de un laboratorio. Ambas desencadenan en el organismo los procesos necesarios.
La colaboración en equipo: Esta es la mayor ventaja de las vitaminas naturales. En la naturaleza, las vitaminas nunca se encuentran solas. Se encuentran en un «paquete» junto con enzimas, minerales y otras sustancias vegetales que ayudan al organismo a absorber y aprovechar mejor la vitamina. Las vitaminas sintéticas suelen ser simplemente una molécula aislada.
Absorción: Debido a la falta de un «compañero», algunas vitaminas sintéticas se absorben ligeramente peor que las procedentes de los alimentos. ¡Pero hay excepciones! Por ejemplo, el ácido fólico sintético (vitamina B9) se absorbe en el organismo incluso mejor que su forma natural (folato), presente en las verduras de hoja verde.
Precio: Las vitaminas sintéticas son mucho más baratas y se pueden producir en grandes cantidades, por lo que son fácilmente accesibles para nosotros.

Entonces, ¿cuáles elegir?
La verdad es que la mejor forma de obtener vitaminas es a través de una dieta variada y equilibrada. Ningún comprimido del mundo puede sustituir por completo la complejidad nutricional que ofrece una simple manzana, un puñado de frutos secos o un plato de ensalada.
Sin embargo, no debemos considerar en absoluto las vitaminas sintéticas como algo negativo. Son una herramienta estupenda y útil si:
Te has puesto enfermo y necesitas tomar rápidamente una dosis elevada (por ejemplo, de vitamina C o zinc).Sufres una carencia de alguna vitamina (a menudo, por ejemplo, de vitamina D en invierno). Sigues una dieta específica (por ejemplo, los veganos suelen tener que tomar suplementos de vitamina B12 sintética, ya que se encuentra principalmente en la carne).
En definitiva, lo importante no es solo si la vitamina se ha aislado en un laboratorio o se ha obtenido de la fruta, sino, sobre todo, qué es exactamente lo que tu cuerpo necesita en ese momento. Las vitaminas sintéticas ocupan un lugar insustituible en la medicina moderna y la prevención, pero nunca sustituirán por completo la sinergia de los nutrientes de los alimentos frescos. Por eso, la clave para una salud óptima es el término medio: consumir una amplia variedad de alimentos integrales y complementar de forma sensata y específica las sustancias que faltan.