En la naturaleza hay plantas con una historia; una de ellas es el cardo mariano (Silybum marianum), un discreto cardo que esconde un poder protector para el hígado. El hígado es un órgano único, el único que tiene capacidad de regeneración. Pero tiene sus límites. Cada día lucha contra las toxinas, purifica la sangre, descompone las sustancias nocivas y garantiza un suministro suficiente de energía. En el mundo actual, el hígado sufre más: la alimentación poco saludable, el alcohol, el estrés y el consumo excesivo de medicamentos, todo ello deja huella en él. Y como el hígado no duele, no se hace notar, a menudo no nos damos cuenta de que está pidiendo ayuda. El cardo mariano es un aliado que le da la oportunidad de hacer frente a todo lo que le exigimos cada día. Por eso es más que un simple complemento alimenticio: el cardo mariano nos recuerda que debemos cuidar nuestro cuerpo, aunque todavía no notemos ningún problema. Cuando el hígado sufre, todo el cuerpo sufre (desde la digestión hasta el sistema inmunitario).

El cardo se ha utilizado desde la antigüedad como «planta medicinal», aunque su uso terapéutico ha cambiado considerablemente a lo largo de los siglos. En las leyendas se asocia con la Virgen María (el cardo bendito), lo que contribuyó a su uso en los monasterios. El médico griego antiguo Dioscórides menciona el cardo mariano en «De materia medica», una enciclopedia de plantas medicinales de cinco volúmenes que se utilizó durante más de 1500 años y que sirvió de base para otros herbarios. Se utiliza tradicionalmente para el tratamiento del hígado y la vesícula biliar, el cáncer y también para estimular la producción de leche. Gracias a una intensa investigación, se ha convertido en una de las plantas más estudiadas en la fitoterapia moderna. Imagina que el cardo mariano es la planta medicinal más cultivada también en Eslovaquia. En el pasado, con sus hojas se preparaba ensalada, los tallos se cocían de forma similar a los espárragos y las semillas se tostaban como sustituto del café. Hoy sabemos que es una de las pocas plantas que se utilizan en casos de intoxicación por la amanita verde (Amanita phalloides), una seta mortalmente venenosa. Los estudios han demostrado su efecto positivo en las enfermedades neurodegenerativas, la diabetes tipo 2 y la prevención del cáncer. Sus hojas espinosas y su resistencia la convierten en una planta tenaz, capaz de sobrevivir incluso en condiciones inhóspitas; las generaciones mayores la conocen con el nombre popular de «corona de Cristo». Hay quien la considera una mala hierba, pero en realidad es una planta medicinal de gran valor. Su principio activo es la silimarina, que actúa literalmente como un escudo protector del hígado. La mezcla de flavonolignanos es capaz de bloquear la entrada de toxinas en las células hepáticas y reducir el daño hepático. También protege las células hepáticas y renales de los efectos tóxicos de los medicamentos, incluida la quimioterapia, y, al mismo tiempo, ejerce una amplia actividad protectora del corazón. Es importante precisar que actúan contra la toxicidad de los antibióticos, los metales y los pesticidas. Regeneran las células hepáticas, ya que favorecen su renovación, lo que ayuda a reparar el daño causado por el alcohol y una alimentación inadecuada. Gracias a sus efectos beneficiosos, demostrados de forma inequívoca en numerosos estudios científicos, el cardo mariano se presenta como un fitofármaco muy valioso en el tratamiento de afecciones hepáticas tanto agudas como crónicas, independientemente de su causa. El cardo mariano desintoxica el organismo y favorece la excreción. Combate la inflamación. Sus propiedades antiinflamatorias y antioxidantes hacen que sea neuroprotector y ayude a prevenir el deterioro de las funciones cerebrales que se produce con el envejecimiento. Suele ser un complemento útil para las personas con acné. Protege contra los radicales libres; sus potentes efectos antioxidantes retrasan el envejecimiento y protegen las células del daño. El cardo mariano favorece la digestión y el metabolismo de las grasas, mejora el funcionamiento de la vesícula biliar y ayuda a aliviar la hinchazón o la sensación de pesadez. Tiene efectos antimicrobianos, anticancerígenos, hepatoprotectores, cardioprotectores, neuroprotectores, cutáneos, antidiabéticos (entre otros). En caso de infecciones víricas (tipo C), además de su efecto protector, favorece la excreción de los virus, lo que se explica por el bloqueo de su penetración en las células y de su transmisión, y también reduce el daño pulmonar. Es un complemento alimenticio para mejorar la salud, no solo para quienes padecen problemas hepáticos. Es una medida preventiva que se merece todo aquel que quiera vivir más tiempo y con mejor salud.

El cardo mariano es una planta para quienes son conscientes de que la salud no es algo que se pueda dar por sentado.
Para aquellos que quieran cuidar su cuerpo antes de que llegue el día en que ya sea demasiado tarde.
Y para aquellos que creen que, aunque hayamos metido la pata, siempre hay una forma de volver atrás.
Si cuidamos nuestro coche, cambiamos el aceite y nos ocupamos del motor, ¿por qué no haríamos lo mismo con nuestro cuerpo? El hígado es nuestro filtro principal; sin él, no sobreviviríamos. El cardo mariano 𝒟𝓇. 𝐿𝓊𝒸𝓊𝓁𝓁𝓊𝓈 es su mejor aliado y protector, ... y os lo agradecerá haciéndoos sentir más ligeros, llenos de energía y sin problemas digestivos.
Si quieres darle a tu cuerpo lo mejor, no hace falta que te sometas a dietas estrictas ni que renuncies a los placeres; a veces basta con incorporar a tu vida un «guardián».