El verano está en pleno apogeo, las temperaturas fuera parecen las de un horno al rojo vivo y, al mirar ese botellito de vitamina D que te ha acompañado fielmente durante todo el invierno, te dices: «Bueno, amigo, ¡tienes vacaciones hasta octubre!». Al fin y al cabo, suena totalmente lógico. La vitamina D es la «vitamina del sol», fuera hay sol de sobra, así que nuestro organismo debe de producirla con total facilidad.

Aunque suena muy bien, la realidad es un poco diferente. Los expertos dan la voz de alarma, ya que la carencia de vitamina D en verano es un fenómeno sorprendentemente habitual. ¿Por qué ocurre esto y por qué no deberías, bajo ningún concepto, guardar ese frasco en el cajón más de abajo? Veamos qué pasa.
¿Por qué nos falta vitamina D, aunque haga un calor de locos ahí fuera?
La producción de vitamina D en nuestro cuerpo funciona como una pequeña central solar: necesita la luz solar directa, concretamente la radiación UVB, para que se ponga en marcha el proceso adecuado en la piel. Sin embargo, se enfrenta a varios obstáculos modernos (y también naturales):
1. Cremas protectoras (SPF): nuestro salvavidas y nuestro bloqueador. Aquí es donde surge la mayor paradoja del verano. Todos sabemos que el SPF es un elemento absolutamente imprescindible en los días de verano. Nos protege de las quemaduras solares, del envejecimiento prematuro y del cáncer de piel. Sin embargo, una crema con factor de protección 30 o superior puede bloquear hasta el 97 % de los rayos UVB. ¿El resultado? Tu piel está a salvo, pero tu «fábrica de vitamina D» se toma unos días libres sin sueldo.
2. El síndrome del «vampiro de oficina»: Seamos sinceros: ¿cuánto tiempo pasáis realmente al sol cuando este está en su punto más intenso? La mayoría de nosotros nos desplazamos por la mañana en coche hasta una oficina con aire acondicionado y no salimos hasta que el sol está bajo en el horizonte y sus rayos ya no tienen la intensidad necesaria para producir vitamina D. Además, el cristal de las ventanas no deja pasar los rayos UVB, por lo que tomar el sol a través de una ventana cerrada en la oficina solo te aportará calor, pero ninguna vitamina.
3. Tu propio «paraguas» cutáneo (pigmento): si tienes la piel más morena por naturaleza, o si te bronceas fácil y rápidamente, tu piel contiene más melanina. Esta actúa como un filtro protector natural contra el sol. Sin embargo, esto también significa que una piel más oscura necesita mucho más tiempo de exposición directa al sol para producir la misma cantidad de vitamina D que una piel más clara.
4. La fecha de nacimiento no se puede engañar: a medida que envejecemos, nuestra piel pierde eficacia. En las personas mayores, la capacidad de sintetizar vitamina D a partir de la luz solar se reduce hasta en un 50 %.
5. La ubicación y el smog estival: En Eslovaquia disfrutamos de bastante sol en verano, pero si vives en una ciudad grande, la contaminación atmosférica entra en juego. El smog actúa como una barrera física que absorbe parte de la radiación solar antes incluso de que llegue a tu piel.
¿Por qué lo necesitamos también durante los meses de verano?
Quizá pienses que, al fin y al cabo, en verano estamos más sanos y no necesitamos tomar tantos suplementos vitamínicos. Sin embargo, la vitamina D no es solo una protección contra los resfriados de invierno.
1. Inmunidad y clima estival: Los resfriados y las faringitis de verano, provocados por los cambios bruscos de temperatura y el aire acondicionado demasiado fuerte, pueden resultar más molestos que los de invierno. La vitamina D mantiene tu sistema inmunitario en forma para que no te pases las vacaciones en la cama tomando té.
2. Huesos preparados para las aventuras de verano: El verano es la época del senderismo, el ciclismo y los deportes. Sin vitamina D, nuestro cuerpo no puede absorber el calcio. Si quieres que tus huesos y músculos soporten el esfuerzo del verano sin lesiones, la vitamina D es fundamental.
3. Buen estado de ánimo y energía: Aunque haga buen tiempo, a veces nos sentimos agotados. Los niveles bajos de vitamina D suelen estar relacionados con un cansancio inexplicable y cambios de humor.

¿Cómo salir de esto y encontrar el equilibrio?
No hay por qué entrar en pánico ni empezar a tomarse dosis elevadas de vitamina D de inmediato. La clave está en encontrar el término medio.
Lo ideal es exponerse al sol entre 10 y 15 minutos al día con las manos y los pies al descubierto, antes incluso de aplicarse la crema solar, pero evita la exposición excesiva al sol al mediodía. Este breve periodo suele ser suficiente para que el cuerpo reciba el estímulo necesario sin quemarse.
Sin embargo, si sabes que vas a pasar casi todo el verano en interiores o que utilizas con regularidad protección solar con FPS, no dejes de tomar tu complemento alimenticio. En verano puedes reducir ligeramente la dosis con respecto a los meses de invierno, pero tomarlo de vez en cuando te vendrá muy bien.
Así que no dudes en pasar el frasco de «vitamina D» del abrigo de invierno al bolso de verano. Por eso, no te olvides de hacerte con tu «D» en nuestra tienda online Dr. LUCULLUS, que te ayudará a mantener de forma fiable tus niveles de vitamina D en el organismo incluso en verano.