¿Cómo se vería nuestra digestión bajo el microscopio? Imagina que te comes un delicioso plato de espaguetis con salsa de queso. El sabor estupendo es solo el principio... la verdadera magia no empieza hasta que llega a tu tracto digestivo. Ahí es donde entran en acción los especialistas: las enzimas digestivas. Estas «minimáquinas» son las responsables de que tu cuerpo pueda obtener de los alimentos todo lo necesario: energía, materiales de construcción y nutrientes. Sin ellas, no obtendrías prácticamente nada de los alimentos, los batidos o la carne. Hay varios tipos de enzimas digestivas y cada una tiene una función bien definida:

La amilasa comienza a actuar ya en la boca, donde descompone los almidones (por ejemplo, de la pasta) en azúcares simples. La proteasa, en el estómago y el intestino delgado, descompone las proteínas (por ejemplo, del queso) en aminoácidos, que forman los músculos. La lipasa descompone las grasas en ácidos grasos, que el cuerpo utiliza como combustible. La lactasa ayuda a digerir la lactosa de los productos lácteos; si no la tienes, se produce el conocido «rodeo abdominal». La celulasa, aunque el cuerpo no la produce de forma natural, ayuda a procesar la fibra de los vegetales. La maltasa y la sacarasa descomponen los azúcares (maltosa, sacarosa) en glucosa y fructosa, que el cuerpo utiliza como fuente rápida de energía.
Estas enzimas funcionan como un equipo perfectamente coordinado; si falta tan solo un miembro, puede tener consecuencias: hinchazón, cansancio, diarrea o carencia de nutrientes. En un mundo ideal, nuestro cuerpo se las arregla solo, pero seamos sinceros... no siempre es así. Sobre todo cuando vemos una comida que nos encanta y no podemos resistirla aunque estemos «llenos» (y no me refiero a los espaguetis). Y dado que la producción de enzimas disminuye de forma natural con la edad, pero también en situaciones de estrés, enfermedades del páncreas, celiaquía, síndrome del intestino irritable o tras tomar antibióticos. Las enzimas digestivas Dr. Lucullus® pueden ser de gran ayuda en estos casos. Varios estudios han demostrado que el consumo de suplementos enzimáticos conduce a una reducción de la hinchazón, a la reducción de los espasmos y de la sensación de saciedad tras las comidas, a una mejor absorción de los nutrientes, al alivio de la intolerancia a la lactosa o a la disminución de los problemas digestivos tras las comidas grasas. Una investigación publicada en Clinical and Translational Gastroenterology ha confirmado que la suplementación enzimática ayuda a los pacientes con trastornos digestivos a reducir los síntomas hasta en un 50 % en tan solo 4 semanas. Sin embargo, es importante que el complemento alimenticio contenga varios tipos de enzimas, no solo una; son precisamente las combinaciones como amilasa + proteasa + lipasa + lactasa + celulasa las que garantizan una digestión completa. Otro dato importante es que las enzimas deben estar activas (lo que significa que tienen suficiente potencia enzimática) y, por supuesto, lo ideal es que sean de origen vegetal, ya que son más respetuosas con el estómago.

Porque el objetivo es hacer la digestión con facilidad, no con dificultad. Al fin y al cabo, la digestión no tiene por qué ser una lucha... ni siquiera cuando te apetece, por ejemplo, un filete 🥩 o un tartar. O cuando (como me pasa a mí) no puedes resistirte a un postre dulce 🧁.
Gracias a las enzimas digestivas, tanto las propias como las complementarias, tu cuerpo puede sacar el máximo partido a cada bocado. Las enzimas digestivas complementarias están respaldadas por pruebas clínicas y experimentales. Si después de comer te sientes cansado, hinchado o sufres intolerancias alimentarias, quizá estos pequeños aliados —las enzimas digestivas— sean la solución. ¿Cuándo tomarlas?
«Cuando tu estómago te da problemas»: la hinchazón, los gases o el estreñimiento te acompañan con más frecuencia de la que te gustaría.
«Si la leche no te sienta bien» o si otros alimentos te provocan problemas digestivos.
«Cuando quieras acelerar la quema de grasas» y darle a tu metabolismo un pequeño pero potente impulso.
«Si quieres sacar más partido a la comida»: más nutrientes, más energía, más bienestar.