La glándula tiroides es un órgano pequeño, pero sumamente importante, con forma de mariposa, que se encuentra en la parte delantera del cuello. Regula nuestro metabolismo e influye en los niveles de energía, el estado de ánimo e incluso el crecimiento. Para poder funcionar correctamente y producir hormonas, necesita nutrientes específicos.

Aunque una alimentación variada siempre debería ser la prioridad, en algunos casos puede resultar útil recurrir a los complementos alimenticios. ¿Qué vitaminas y minerales son fundamentales para ella?
1. Yodo
El yodo es absolutamente imprescindible para la producción de las hormonas de la glándula tiroides (tiroxina y triyodotironina). Sin él, la glándula tiroides simplemente no puede funcionar.
Dónde lo encontramos: en el pescado de mar, las algas, los productos lácteos y la sal yodada. Hay que tener cuidado con el yodo. Su carencia provoca problemas, pero su exceso también puede dañar la glándula tiroides. La suplementación con yodo en forma de comprimidos solo debe realizarse tras consultar con el médico.
2. Selenio
El selenio es un potente antioxidante. No solo protege la glándula tiroides del daño causado por los radicales libres, sino que también es fundamental para la conversión de la hormona tiroidea inactiva en su forma activa, que el organismo puede aprovechar.
Dónde lo encontramos: La fuente más rica son las nueces de Brasil (basta con comer 1 o 2 al día), pero también se encuentra en los huevos, las legumbres y las aves de corral.Forma del suplemento: Si decides tomar un suplemento, busca la forma de selenometionina, que se absorbe bien en el organismo.
3. Zinc
Al igual que el selenio, el zinc también interviene en el metabolismo de las hormonas de la glándula tiroides. Además, unos niveles bajos de zinc pueden hacer que la glándula tiroides no produzca suficientes hormonas.
Dónde lo encontramos: En las semillas de calabaza, la carne de vacuno, las lentejas y los garbanzos.

4. Vitamina D
La vitamina D es fundamental en las enfermedades autoinmunes. La carencia de vitamina D está estrechamente relacionada con las enfermedades de la glándula tiroides, especialmente con las autoinmunes (como, por ejemplo, la tiroiditis de Hashimoto). La «D» es imprescindible para el correcto funcionamiento del sistema inmunitario.
Dónde lo encontramos: El cuerpo lo sintetiza a partir de la luz solar, pero en nuestras latitudes solemos tener deficiencia de esta vitamina desde el otoño hasta la primavera. También se encuentra en los pescados grasos. Forma de suplementación: Durante los meses de invierno, la suplementación con vitamina D3 es muy recomendable para la mayoría de las personas.
5. Hierro
Si tienes deficiencia de hierro, tu tiroides puede funcionar más lentamente. El hierro es necesario para las enzimas que producen las hormonas tiroideas.
Dónde lo encontramos: En la carne roja, el hígado, las espinacas y las verduras de hoja verde oscura. Para facilitar la absorción del hierro de origen vegetal, es recomendable combinarlo con vitamina C.
¡Más no siempre significa mejor! La glándula tiroides es un órgano muy sensible. Mientras que el exceso de otras vitaminas simplemente se elimina del organismo, un exceso de yodo o selenio procedente de los complementos alimenticios puede provocar precisamente lo que intentas evitar: una enfermedad del tiroides. Sin embargo, para que funcione correctamente y te mantenga lleno de energía, no solo necesitas las vitaminas y minerales adecuados. También son imprescindibles unas condiciones generales favorables. No olvides que el estrés crónico, la tensión constante y la falta de sueño pueden afectar gravemente a este órgano tan sensible. A veces, lo mejor que puedes hacer por tu cuerpo es, sencillamente, bajar el ritmo. Disfruta de un sueño de calidad, saca tiempo para dar un paseo al aire libre o para realizar actividades que te hagan feliz. Cuando tu mente y tu cuerpo están en armonía, tu glándula tiroides lo notará sin duda y te lo agradecerá con una energía fantástica.