Seamos sinceros: ¿cuántas veces te has quedado delante del espejo pensando en qué cambiar? Quizá te preocupe la caída estacional del cabello, las puntas que se rompen antes de alcanzar la longitud deseada o las uñas que se parten al más mínimo contacto. ¿Y la piel? El estrés, la contaminación ambiental o el ritmo de vida acelerado pueden dejar huella en ella más rápido de lo que nos gustaría. Muchos de nosotros recurrimos a cremas, sérums o mascarillas caras. Sin embargo, la verdad es que, aunque el cuidado externo tiene su importancia, la belleza auténtica y duradera comienza en el interior . Si a las células les faltan los componentes básicos, ni siquiera con la crema más cara verás los milagros prometidos. Pero, ¿cómo aportar al cuerpo todo lo necesario sin tener que tragar cada mañana un puñado de pastillas de formas irregulares? La respuesta es sorprendentemente sabrosa y fresca, y puede recordar discretamente a un dulce capricho. La revolución «jugosa» en el cuidado de la belleza Imagina que tu ritual diario de belleza ya no sea una obligación que