Imagina un mundo en el que se esperara que un smartphone funcionara al 100 % de su capacidad, aunque la batería estuviera al 12 %. Eso es precisamente lo que la sociedad actual les exige a las mujeres y, lo que es peor, a menudo nos lo exigimos nosotras mismas. Cada día nos trae una nueva lista de tareas, plazos y expectativas. Mientras que el mundo que nos rodea funciona con un ritmo estrictamente lineal —«siempre igual, desde la mañana hasta la noche»—, la biología femenina interpreta una sinfonía completamente diferente. Nuestro cuerpo funciona en ciclos: cambian los niveles de energía, la capacidad de paciencia, la resistencia al estrés y el metabolismo. A pesar de ello, se espera de nosotras un rendimiento inmutable y constante el lunes por la mañana, el miércoles antes de una presentación importante e incluso el día en que lo que más nos apetece es escondernos bajo el edredón. El arte de adaptarse de forma imperceptible Las mujeres son expertas en adaptarse. Cuando llegan los días difíciles, simplemente pisamos el acelerador: Apretamos los dientes cuando el