Imagina que tus células son como tus zapatillas favoritas: nuevas, limpias, cómodas y flexibles. Pero si las llevas todos los días al gimnasio, al bosque o por el barro, y sobre todo sin limpiarlas, pronto perderán su brillo y no te sentirás bien con ellas, y mucho menos podrás rendir al máximo. Exactamente lo mismo le ocurre a tu cuerpo. El estrés, la radiación UV, la contaminación… todo ello desgasta tus células. Y cuando se rompe su capa protectora, empiezan a aparecer síntomas que notarás en la piel seca, en una cicatrización más lenta de las rozaduras de las zapatillas o de los cortes, o en el hecho de que, tras el fin de semana, no te ves tan fresco como una fruta jugosa. Pero no estás solo en esto: existen nutrientes que actúan como «técnicos de limpieza», y uno de ellos es la vitamina E (esa que no se deja ver, pero que trabaja sin descanso). Ayuda a las células a resistir el daño, protege el corazón, refuerza el sistema inmunitario y frena el proceso que llamamos «maduración» (me